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VI. Feria de Asociaciones

Un año más volvemos de las vacaciones y enseguida empiezan las actividades comunitarias en Rekalde. El pasado 19 de septiembre pudimos disfrutar de la VI. Edición de la Feria de Asociaciones organizada por 20 colectivos diferentes, que trabajamos desde muchos meses atrás para que todo salga adelante. Teniendo en cuenta el éxito de la alubiada del año pasado hemos repetido la experiencia, y como además queremos hacer más cosas y estamos más motivadas, este año hemos ampliado el programa de actividades hasta última hora de la noche, con actividades para diferentes públicos: circo, romería, concierto y DJ.

 

Respecto a las actividades de la mañana hemos mantenido la disposición de otros años ya que siempre resulta exitosa; apertura de stand, juegos y talleres infantiles para los y las  más peques, castillo hinchable, campeonato de rana y el ya tradicional concurso de pintxos inter grupos, con variaciones este año entre los grupos premiados; el tercer premio “Emakumeen Lur”, el segundo “Gazteleku” y alzándose con el primer premio por primera vez el “Eskaut”.

 

El ambiente un año más durante todo el día fue fantástico, destacar las actuaciones de “A casa da troula” y de los trikitilaris, sobre todo en el momento en el que se pusieron a tocar todos juntos. Fue una fusión estupenda.

 

Agradecemos a todas las personas que colaboraron con diferentes aportaciones y aprovechamos para invitar al resto de entidades que aún no participan para que se animen. La verdad es que el ambiente entre todas las entidades es inmejorable.

 

“Cuando la situación de la gente mejora, lo cuentan”

Artículo publicado por Sandra Atutxa en Deia el 17 de septiembre de 2015.

http://www.deia.com/2015/09/17/bizkaia/bilbao/cuando-la-situacion-de-la-gente-mejora-lo-cuentan

Es necesario estar en situación de pobreza para recibir la ayuda del programa.

 

Vivir una situación de pobreza o de exclusión social golpea duramente la dignidad de las personas que la sufren. En 2014, 333 familias bilbainas solicitaron ayuda en la asociación Gazteleku. “Si algo se aprende es a valorar de otra manera las pequeñas cosas de la vida. La gente pierde la dignidad y es importante recuperarla para seguir adelante”, dice Arantxa Gutiérrez, responsable del Programa Infancia y Familia. En su opinión, la realidad que atraviesan muchas familias bilbainas es más “dura y cruda” de lo que muchos piensan. “Se piensa que la pobreza solo afecta a las familias de inmigrantes, y no es así”, recuerda la responsable del programa.

 

La pobreza tiene ahora otras caras y en la gran mayoría viene reflejada en los rostros de menores a los que, sin merecerlo, les afecta la situación que sus padres sufren. “Hay historias muy complicadas, personas que de repente se quedan sin trabajo y no tienen posibilidad de seguir atendiendo a sus hijos”, destaca Miguel Ángel López, coordinador de Gazteleku.

 

En 2014, de las 333 familias en riesgo o situación de exclusión atendidas por Gazteleku, el 82% no tenía trabajo. Esto pone de relieve que el desempleo, la precariedad y la inestabilidad laboral son la base de los problemas económicos que, a su vez, están asociados con otro tipos de problemas. “Cuando la gente recupera el trabajo, cambia su situación laboral, vienen y nos lo cuentan”, explica López. “El otro día una mujer nos trajo el cheque que le habían dado para que pudiesen aprovecharlo otras personas con más necesidad que ella. Su marido había encontrado trabajo”, dice Gutiérrez.

 

Si algo se aprende tras vivir una situación de pobreza es a valorar y a cuidar a quien te tiende la mano cuando peor lo estás pasando. “Aquí nadie viene por gusto. Ellos preferirían no tener que pedir ayudas y tener una situación cómoda, sin problemas económicos. Para un padre no tener cómo alimentar a un hijo no es una situación que resulta agradable”, recuerda Arantxa Gutiérrez.

 

Hace ocho años se puso en marcha este proyecto cuyo fin es romper la línea de transmisión de la pobreza de padres a hijos. Una labor compleja que requiere no solo del apoyo institucional sino de la voluntad de los padres por participar de manera activa en los programas de ayuda. “No vale solo con que les corresponda la ayuda, detrás hay un compromiso firme para querer colaborar para mejorar la situación de los menores”. Hay que destacar el esfuerzo y el compromiso del Ayuntamiento de Bilbao para desarrollar programas vinculados a la protección de las personas menores. A este capítulo se le destinó en 2014 más de cinco millones de euros con un total de 789 casos atendidos, de ellos 510 de protección y 279 de prevención, además de actividades grupales de prevención de distinta naturaleza.

 

A estos datos, cabría añadir los más de 800 casos de intervención o prevención en situaciones de absentismo escolar de mayor o menor intensidad. La promoción de programas del tercer sector dirigidos a menores acaparan 900.000 euros anuales, sin contar el elevado porcentaje de su dedicación que para las trabajadoras municipales de Servicios Sociales de Base supone el trabajo dirigido a la protección infantil. Por otra parte, las ayudas económicas directas a familias y personas desde el área de Acción Social destinadas a personas con menos recursos económicos superan los cinco millones y medio de euros.

 

 

 

El apoyo educativo familiar ayuda a más de 1.200 niños a salir de la pobreza en Bilbao

 

Artículo publicado por Sandra Atutxa en Deia el 17 de septiembre de 2015. http://www.deia.com/2015/09/17/bizkaia/bilbao/el-apoyo-educativo-familiar-ayuda-a-mas-de-1200-ninos-a-salir-de-la-pobreza-en-bilbao
Marian Saneiro conversa con Khadija (José Mari Martínez)

 

Ayuntamiento de Bilbao y Obra Social La Caixa impulsan un programa para las necesidades socioeducativas de menores.

 

Nunca imaginó que podría verse sin recursos para sacar adelante a sus tres hijos de 13, 8 y 6 años. De la noche a la mañana, la vida puso a Marian Saneiro al borde del precipicio. La situación casi pudo con ella, pero consiguió en las instituciones ese apoyo moral, social y económico que le ayudó a alejarse del abismo en el que se encontró. “Nunca pensé que terminaríamos así”, explica. Ella ha querido compartir su experiencia con DEIA, poner cara a una realidad por la que atraviesan en la actualidad muchas familias bilbainas que necesitan ayuda y apoyo con los más pequeños de la casa.

 

El Ayuntamiento de Bilbao y la Obra Social La Caixa pusieron en marcha en 2007 un programa para atender las necesidades socioeducativas de menores en riesgo o en situación de exclusión. Se trata de un programa que cuenta con la colaboración de entidades sociales coordinadas por Cáritas y Gazteleku. Desde hace ocho años, el apoyo educativo social ha ayudado a más de 1.200 niños a salir de la pobreza en la capital vizcaina. Solo en 2014 fueron atendidos en Bilbao 504 niños y 333 familias. Además, más del 80% de las familias en riego o situación de exclusión atendidas por este proyecto en Bilbao no tiene trabajo. Marian conoce esa realidad en primera persona.

 

“Nadie está libre”, recuerda. De tener una vida “normal” -su marido y ella trabajaban- a verse sin nada, sin ningún ingreso que sustentase la economía familiar; tres niños que sacar adelante, una hipoteca que pagar y un montón de recibos que se acumulaban y a los que no podían dar salida era esa cruda realidad a la que se enfrentó. “Parecía un mal sueño, pero no, era real”, confiesa. “Tuve un accidente y me echaron del trabajo; después mi marido se quedó en la calle también”, relata.

El caso de Marian no es aislado. La cara más cruel de la pobreza tiene su hueco en la actualidad en el seno de numerosas familias vizcainas. De hecho, cada vez son más las que se encuentran en riesgo o situación de exclusión y pobreza. Ella se siente afortunada. Una amiga le habló de la asociación Gazteleku de Rekalde. Le costó, “me daba vergüenza”, pero la necesidad le llevó hasta la puerta de una de las oficinas que esta asociación sin ánimo de lucro tiene en el barrio bilbaino. “Uno de los objetivos de este programa es garantizar la promoción socioeducativa de los menores”, cuenta Miguel Angel Gómez, coordinador global de la asociación de desarrollo comunitario Gazteleku.

 

El proyecto se centra en cinco líneas diferentes: el refuerzo educativo, la educación no formal y tiempo libre, el apoyo educativo familiar, la atención psicosocial y la promoción de la salud. Con estos puntos, es fundamental el “compromiso” de la familia de trabajar, deben ser parte activa en el proceso educacional del niño, según apunta Arantxa Gutiérrez, coordinadora del programa Infancia y Familia.

 

TRANSMITIR LA POBREZA

 

“Los niños no tienen la culpa de la situación, pero cuando todo se complica es dificil mantenerles al margen”, dice Marian. Ella tuvo claro que tenía que sacar de donde fuera las fuerzas para que sus hijos pudiesen seguir adelante. “Los niños comenzaron a desviarse, a ir mal en clase...”, explica Marian. Este proyecto busca romper la línea de transmisión de la pobreza de padres a hijos y favorecer el pleno potencial de los menores.

 

El programa se dirige a la infancia en situación de pobreza económica y vulnerabilidad social con el fin de promover y respaldar su desarrollo de forma integral, favoreciendo y apoyando para ello las políticas de mejora de la equidad, la cohesión social y la igualdad de oportunidades para los menores y sus familias. “Cuando una familia pasa por una mala situación afecta inevitablemente a los menores. De repente, los niños dejan de ir a actividades extraescolares, a cursos, a campamentos de verano. Su comportamiento empieza a cambiar, en clase comienzan a sacar malas notas...”, cuenta Miguel.

 

Este programa busca evitar este tipo de situaciones. Khadija es otro ejemplo. Ella es de Marruecos y lleva 18 años viviendo en Rekalde. Sus últimos años en la capital vizcaina han sido muy duros. Su marido, cocinero de profesión, tuvo que dejar de trabajar por un problema de salud y ella también se quedó sin empleo. “Me encontré con una hipoteca de 1.000 euros que pagar, dos hijos y sin ingresos”, relata. La mujer explica que nunca se había planteado ir a pedir ayuda. “Intentaba tirar como podía, con los pocos ahorros a la espera de que me saliese algún otro trabajo”. Sus hijos, -tiene dos de 9 y 5 años- son amigos de los hijos de Miguel, el coordinador de Gazteleku. “Un día en el parque le conté lo que me estaba pasando y me sugirió que me acercara por la sede de la asociación. Igual me podían ayudar con los niños”, dice.

 

Presentó documentos, relación de ingresos... y sus hijos comenzaron a acudir a clases de apoyo. “No hay dinero en el mundo para pagar lo que han hecho por nosotros”, dice Khadija, quien confiesa que ser inmigrante es un problema más en esta situación de pobreza. “Mucha gente me decía que me marchara a mi país. Lo pensé, pero es que mis hijos son de aquí y nosotros nos hemos integrado perfectamente. Queremos trabajar aquí”, asegura la mujer.

 

GRUPO DE PADRES

 

Khadija comparte confidencias con Marian. “Nos intentamos apoyar; no eres la única persona a la que le pasan estas cosas”, confiesan. Ellas forman parte también de un grupo de padres que se reúnen semanalmente en las oficinas de Gazteleku para, entre otras cosas, darse apoyo y realizar actividades conjuntas. Khadija y Marian reconocen que verse en una situación de exclusión golpea duramente la dignidad de las personas. “Hay mucho hipócrita, hay quien nos tiene envidia porque nos dan ayudas”, afirman.

 

El marido de Marian murió hace un año. Una pérdida a la que ha habido que añadir la situación en la que estaba sumergida la familia. “Ahora estoy algo mejor. Mis hijos con el apoyo están saliendo adelante”, explica. Sin embargo, no hay nada que llene el vacío que le ha dejado su marido. “Cambiaría todo el dinero del mundo por que regresara”, concluye.

 

Boletín Compartir nº 4

Txirrikletak

 

Desde el proyecto Lilura de Gazteleku surgió en septiembre de 2013 un nuevo proyecto llamado Txirrikletak. Uno de los objetivos principales de este proyecto es que no haya pekes en el barrio que no puedan disfrutar de una bicicleta porque estén en estos momentos teniendo dificultades económicas.

 

Como en Txirrikletak sabían que en Zirkilu había familias con menores, se iniciaron una serie de reuniones para poder trasladar cuáles eran las necesidades de dichas familias y tener en cuenta edades, tamaños y número de hermanos y hermanas entre otras cuestiones. Además de esto, otro de los objetivos de las reuniones era conocer si en alguna de estas familias había bicis que se habían quedado pequeñas o necesitaban reparaciones porque  también se podrían aprovechar.

 

Después de conocerse la gente de Txirrikletak y las familias de Zirkilu y organizarlo todo, se hizo entrega de las bicicletas la primera semana de junio en el Gaztegune de Elejabarri, donde Txirrikletak tiene montado su taller.